viernes 3 de julio de 2009

Carta al Postre (5)

El porqué que no dijiste.

Concluyo que soy débil, tanto que te dejo que lo sepas, tanto como para mantener un mensaje en mi buzón que para ti seguramente ya no significa nada. Se me van las fuerzas y solo quiero que te enteres, aun cuando no haga ninguna diferencia.

No alcanzamos a llegar, apenas pude sentirte: “Y tengo ganas de todo menos de irme, menos de huir. Quiero quedarme, encontrarte, buscarnos, aunque sea esporádico, aunque sean kilómetros. Pero quedarme, en ti…” entonces vuelvo a ese lugar, al limbo de las conclusiones, mayormente erróneas, por cierto.

Nunca aprendí a nadar, tengo miedo a las profundidades, también a las alturas. Pensarás que me gustan las zonas de confort, los puntos medios… debes saber que estar a la mitad tampoco es fácil. Igual yo no pensaba quedarme aquí, ni implorar los kilómetros durante años.

Pierdo entonces el sentido de la palabra querer, ya no sé si lo esporádico dura lo mismo que lo eterno. Buscar se vuelve tan similar a cruzar los brazos y darse por vencidos. Si, vuelvo a lo mismo de no entender, a no recibir respuestas a una pregunta tan clara como ¿Qué tanto queremos? Vivir la misma experiencia un par de veces, lejos de enseñarme algo me pierde más.

Voy a quedarme un rato quieta, pues mis pasos desacomodan mi contexto. Voy a esperar (te) un poco más, después de todo no tengo otra cosa que hacer entre horas de rutina. Voy a seguir guardando ese mensaje, el primero, donde dices jamás, donde significa para siempre.

Voy a guardarte, hasta cansarme, hasta caer dormida y que un sueño me revele la verdad. Abriré los ojos despacio, por si sigues aquí, no quiero verte de golpe, pues a pesar de que imagino tu silueta totalmente hermosa, temo que detengas mi respiración por la impresión del momento. Eso de imaginar se me está haciendo costumbre y de pronto necesito vivirlo más allá de mis pensamientos. ¿No crees que lo merezca?

Pienso que después de todo es normal que yo esté confundida, pues verás, tú dijiste que no querías huir pero igual desapareces. Si, soy normal después de todo, o será que el mundo es muy extraño, tal vez para ellos es normal decir algo y hacer exactamente lo contrario. Pero hay demasiados allá afuera como para preguntarles, eso si me da pereza y las estadísticas pueden no gustarme.

Ahora, tengo la idea de que en algún momento sentí que podía volar aún con mi temor a las alturas. Estar en el centro de tanto silencio, interrumpido a veces por largos monólogos es como tener amnesia. Solo que no es tan fuerte como para olvidarte a ti, ni la imagen de tu espalda.

Entonces, si no exististe, si nada fue ni esporádicamente real ¿Qué hago hablándote? ¿A quién espero? ¿A quién le ofrezco la maravillosa idea de una ‘primera vez’? ¿Quién podrá hacerme volar?

Ya tengo inflamados los talones de tanto caminar en interminables círculos. Me voy a quedar quieta, como dije antes, a esperar a quien sabe quien, por quien sabe cuánto. Mientras, escribiré nuestra pequeña historia…



CG.
02 de Junio de 2009

4 Deliran Conmigo:

Celina Bailón dijo...

Mmmm ahora que ME leo, entiendo porqué mi amigo piensa que soy una persona triste... Pero no, solo saco provecho de todos los colores.

:)

Muñekita! dijo...

no t kedes kieta!!! camina hacia tu norte, asi no lo conoscas!

besos!

arawaco dijo...

Mereces muchas cosas más que las que pides, vivirlo más allá de tus pensamientos, palparlo a medida que escribes el presente.

Jorge Arce dijo...

Espérate a ti misma, no corras, no dejes de mirarte, no te intimides con la piel ni con el aliento ni con las tardes reposadas en medio de los espejos. Ahí estás tu... siempre. Muchos besos... espero encontrarte de nuevo