sábado, 15 de marzo de 2014

Deseo, deseo.

Tenemos una cita, estás llegando tarde, el trabajo y tus compañeros ignorantes de nuestro plan te retrasan, todo el día has enviado mensajes sobre lo que quieres hacerme, eres tan explícito que pensé en tocarme estimulada por las escenas que fabricas en mi mente, pero me mordí las ganas y te esperé.
Lo admito, estoy nerviosa, tenemos mucho tiempo planeando este encuentro, el primero fue inolvidable y nos aseguramos muchas veces que los siguientes serían aún mejores, que nos faltaban un millón de cosas por experimentar.
Pensé esperarte completamente desnuda, lista para entregarme, sin duda muy mojada gracias a la mezcla de tus palabras con mi ansiedad. Mi deseo era muy claro, quería llegaras, entraras en mi, si más preámbulo, pues teníamos toda una noche para acariciarnos, besarnos y recorrernos. Por ahora sólo quería sentir como te movías dentro de mi, como me haces venirme penetrándome.
Llegas y me sorprendes adivinando mis deseos, te veo cerrar la puerta y en fracción de segundos estás pegado a mi, levantando la poca ropa que me dejé puesta, me volteas y con un erótico uso de tu fuerza me inclinas sobre la mesa, abres mis piernas, no decimos una sola palabra, haces a un lado mi ropa interior sin quitármela,  entras con tal fuerza que me arrancas de la garganta un inminente gemido, una de tus manos se queda en mis caderas, la otra me acaricia las nalgas y sube por mi espalda hasta perderse en mi cabello, no dejas de moverte, no dejas de darme tan duro como buscando que grite más y más fuerte, lo único que pude pronunciar en tu faena fue "si, papi, te estaba esperando...", mi respiración entrecortada, mis piernas temblorosas, un grito y tu sexo mojado por el mío me delatan, acabo de terminar en ti e inmediatamente inicia en mi una urgencia por tu orgasmo. 
Me doy vuelta, me arrodillo frente a ti, meto tu sexo en mi boca, encajo mis uñas en tus nalgas, juego con mi lengua, entras y sales, toco por debajo mientras te como, no dejo de mojarme pues me estimulan como nada tus gemidos, tu respiración, tus manos en mi cabello. Terminas, apretándome contra ti, me lo como todo, te disfruto, te saboreo, sabes delicioso y mis leves gemidos mientras me trago tu miel te lo comprueban.
Me tomas de los hombros y quedo de pie, frente a ti, me besas como loco de nuevo, nos abrazamos y acariciamos nuestras espaldas sobre la ropa, nuestros pechos están presionados uno contra otro hasta sentir nuestros latidos acelerados. 
Nos detenemos, me tomas de la cara, besas suavemente mis labios, sonríes y me dices "Hola amor, ya llegué..." por lo que no puedo más que cerrar los ojos embelesada, y sonreír...

domingo, 24 de noviembre de 2013

Encuentros a destiempo: Agosto.

¿Cuándo? 

Al darme cuenta de que me gustas igual si me cuentas algo o si sólo me ves, 
Cuando me volvió igual de loca tu mirada o tus ojos al caer dormido, 
Cuando lo mismo me estremece tu mano en mi pecho que tu aliento en mi oído. 
Justo ahí lo entendí. 
Los fantasmas del pasado, coquetos, llenos de esa ansia lejana, 
La que provoca curiosidad temor, 
Que te mueven el piso y te hacen dudar de ti… 
Si, este presente promete mucho más que ellos. 
Juego con ellos como juego conmigo misma, 
Saber que quien gane, representará un sacrificio 
No me detiene… 
Estoy más fuerte que nunca, por las ganas, por el deseo, por las ansias. 
Inicia una nueva etapa y voy con todo, 
Porque eres más que un par de condiciones, 
Porque no le temo ni a lo que sé ni a lo que desconozco… 
Rompiendo el acuerdo, arriesgando todo, 
Siéndole fiel a mi deseo, siéndome al fin, fiel a mí. 

"Voy a besarte tanto como se me antoje, tanto como lo permitas…”

Encuentros a destiempo: Julio.

Las relaciones humanas están llenas de acuerdos, los cuales comúnmente vemos que tardan más en definirse que en romperse. Y bueno, heme aquí, un par de meses después del primer encuentro dándome cuenta de que dentro de mi, ese acuerdo que creamos se ha roto, haciendo que mi búsqueda vaya mucho más allá de tu cuerpo.
Lo escribo en esta hoja que tiene impreso el mes de tu cumpleaños, mes donde me dices que en tu vida hay alguien más y donde con tal confesión yo saco mi armadura, la que está fabricada con miles de máscaras, pretendiendo ante ti que no me importa porque el acuerdo era ese, y finjo estar conforme con ello hasta que yo misma me la creo... claro. Sobre todo con la parte donde propones me quede, con ella ahí... teniéndote más que yo.
Después me rebelo y digo "¡No más!"... pues si algo me ha enseñado la vida es que debo serme fiel, que debo complacerme y que debo priorizar mis necesidades... después lo leo y pienso que suena tan bien, que debería ser cierto.
Por todo eso, debo confesar que lo que siento es más que un deseo por tu espalda, que puedo ser en tu vida mucho más que encuentros a escondidas, que puedo aportarte más que placer carnal y que con ello también me hago justicia, pues merezco mucho más que horas condicionadas. Merezco... curiosa palabra.
Todo respetando el acuerdo, pues por respeto no puedo continuar, debo ser sincera con nosotros dos.
Es que verás, tengo tantas ganas de quererte mucho, de inventarte, enviarte y darte un montón de besos nuevos, de cuidarte y dejarte protegerme...
Lo siento, pero sólo tú eres el culpable... ¿Quién te manda ser mucho más encantador que los demás?

"Dices he comenzado a verte con ojos de amor,
si tu supieras que la luna reflejada en tu espalda
fue sin duda el momento más erótico de mi vida.
Te relajaste hasta caer dormido,
por mis besos en todo tu cuerpo
pude sentirte más mío que nunca.
Me serví de ti sin vulgaridad,
mi placer se unificó al tuyo.
Fuiste mío, lo sepas o no,
lo hayas o no querido así."

miércoles, 19 de enero de 2011

Si mal nos va, será un encuentro a destiempo, nada más.

Fue todo un truco del destino que amaneciera fundiendo la espalda a su pecho, como si el cuerpo gritara "cuídame". Le costó aceptar que nunca quiso irse, que estaba demasiado cómoda, que pudo haber dejado el alma ahí, esa misma mañana gris.
Pero comenzaron un juego llamado "acuerdo", repleto de reglas estúpidas que los llevaban justo al lugar donde juraron no querer llegar.
A veces piensa que siempre quiso.
Todo por tres palabritas de no más de cuatro letras que significaban a lo mucho un interés superficial, que despertaron curiosidad y que la llevaron a una realidad que había olvidado.
Uno siempre lo planea todo, buscando acomodar las palabras importantes en el momento más prudente... así lo hizo ella, pospuso la confesión del cambio de planes que hizo el corazón una y otra vez, pues nunca "era el momento". Tenía todo un discurso programado en su cabeza que reproducía una y otra vez como si buscara memorizarlo, además del plan con el cual lograr no se le interrumpiera y quedara frustrada la confesión, incompleta.
Pobre, bastó solo un rayito de luz en la espalda desnuda de su amante, recostados en su cama, la cómplice, en el cuarto guardián de sus deseos, bastó el olor de su piel, el que no se va ni quiere perder, que le queda impregnado en cada poro después de los encuentros, bastó el sabor guardado entre sus dientes, bajo su lengua, bastó escucharle respirar y su temblor al sentir sus caricias mientras dormía, bastó contar con el contexto más encantador de su existencia para que el corazón se le cubriera de fuego y en la explosión dijera "no más".
Y ahí estaba, despertándolo con una disculpa por no ser tan fuerte... "Me es imposible seguir haciendo esto sin sentir nada... mejor hasta aquí lo dejamos..." dijo ella. Pidió se alejara pues tenerlo cerca a sabiendas de que el sentimiento no podía ser mutuo jamás le haría bien. Lo mejor es acabar con esto a tiempo, pensó.
Le pidió se fuera de su vida rogando en su interior solo le abrazara fuerte, pues se sentía caer.
En algún momento el la suelta y le da la espalda, renunciando con ello a todos sus ofrecimientos, ella pidió dijera algo y él se limitó, después de eternos minutos, a poner las manos de la amante en su rostro, para que notara lloraba, por coraje, dijo él, por todos sus miedos.
"Sé que de perderte, habré perdido lo más grande y maravilloso que me haya pasado, pero no puedo pedirte que te quedes..."
Volvieron a abrazarse, a besarse y se hicieron el amor una vez más.
Ella lo sintió derretirse, explotar... lo sintió entre las piernas, en sus muslos, en su vientre. Fue una sensación única donde el contacto de la piel no es suficiente, donde muerdes, abrazas, aprietas, esperando ocurra el milagro en el que los cuerpos se funden en uno solo. Él pidió tiempo, paciencia, para controlarse, para "estar bien", para merecer su amor... ella no veía carencia alguna cuando estaba con él.
Pasaron días después de ese desmorono oficial del acuerdo, no había mucho que hacer ya.
Ella decidió reiterar el sentimiento cada que le era posible, le mostró todas sus caras, la erótica, la tierna, la despreocupada, la condescendiente, se mostró completamente suya y le dejó claro que sin él, igual respira. Que por más que le guste estar a su lado, nadie es indispensable.
"Soy todo lo que viste la primera noche y lo que has conocido hasta hoy".
Nunca se rindió, pero decidió quedarse quieta, sin sofocarle, sin presiones, convirtiendo a la paciencia en su virtud, pero sin traicionarse, aclarando que en el momento en el que la espera se saliera de sus manos el adiós sería inevitable.
Él pidió paciencia, ella pide entienda que el sentir es algo nuevo para ella, algo olvidado que estaba aprendiendo a manejar dentro de sí, corriendo el riesgo de desprenderse de sí misma y no controlar el sentimiento.
Sin hacer de el enamoramiento una condena, lo elige al él, para caminar a su lado.
A sabiendas de lo mucho que puede dar, de que su capacidad como mujer va mucho más allá de la cama, con la seguridad de que él, la hace sentirse feliz.
Estaba tranquila, había puesto las cartas sobre la mesa y sabía que lo peor que podía pasar era que el "nosotros" no se diera, que tuvieran que vivir vidas aparte, vivir al fin, con la certeza de que se hizo lo mejor que se pudo, que lo intentaron y sin la incertidumbre de los hubiera.
Sentí perdida el alma y en tu almohada la encontré...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Puliendo historias viejas.

"...Rimel derramado en la funda de su almohada, saliva pastosa y aliento a distraída moral. Amaneció con ganas curiosas, pero con el deseo nulo de volver a empezar. Fueron tantos despertares a medio día, tan iguales, tan monótonos, en los que solo le quedaba inventarse motivos para abandonar su "paraíso de dos por dos".
Básicamente su vida era así, un invento tras otro hasta creerse sus propias mentiras, todo era una justificación al final, las llegadas a su casa al amanecer, las marcas en el cuerpo, el auto con vidrios polarizados, pretextos para que sus amigos no se convirtieran en jueces y la condenaran por las actitudes libertinas disfrazadas de libertad. Otros tantos pretextos para justificar la sonrisa inevitable al recordar cierto cuerpo del que solo conocía caricias, del que no buscaba nada más. Pretextos para no detenerse, pretextos para complacer y complacerse, pretextos para verlo, para hablar, para traicionar los acuerdos. Pretextos sin argumentos para comprobar cordura y asegurar que ahí nadie habla del corazón..."

Fragmento de "Nosotros"

sábado, 19 de junio de 2010

El Reflejo...

Va despacio, invade de a poco como queriendo hacer daño desapercibidamente.
Algo cala, llega de la nada y hace que las lágrimas emerjan de unos ojos que tienen años sin verte.
No hay quien entienda, cómo es que te busco habiendo pasado tanto, pero tu recuerdo me coquetea y la canción elegida para el que sería el momento más importante de nuestras vidas reaparece, esta vez, llegó solita... también tenía años sin escucharle.
Entonces me arrastro por tus huellas, vuelvo a llegar a ti por los únicos medios por lo que se me permite hacerlo.
Trato de ubicarte en fechas clave, en imágenes que quiero que me digan algo, sigo buscando la verdad en tu eterno silencio y claro, me pierdo de nuevo entre conclusiones mayormente equívocas.
Me robaste el nombre de un sueño y yo sigo de espía por si puedo recuperar algo de lo que aún creo haber tenido.
Pero ya no queda mucho, si acaso tu reflejo en unos ojos inocentes que nada se imaginan, que nada sabrán jamás. Entre pixeles me doy cuenta que tu vida sigue tan hermosa como los relatos de horas al teléfono... todo lo que hacías que imaginara está ahí, en una red poco culpable de que yo te ame tanto como el Octubre aquél.
Fragmento de "Nosotros"



jueves, 18 de marzo de 2010

Lo que va de la última historia que empecé.

Mientras paseaba por sus fotos, mientras leía sus mensajes, ella sonrió... Sintió algo nuevo y en ese preciso instante lo negó todo.
Entonces escribió esto y lo tiró al aire... Quiere que le lea, pero hace todo por evitarlo.


"Pero ni creas que pienso en ti, en lo que me gustas, en lo que provocas, en la realidad virtual, en las conclusiones fallidas, en los aciertos indeseados, en mi mundo fundido al tuyo, en que no es momento, en que te ves bien asi, lejos, en que yo debo estar bien, asi, aquí... en que te entiendo, en que me ponen loca las ganas de... saberte, en que saberte me pone loca también, en los delirios que provocas en que aún no te conozco y ya me pones de cabeza
en que cuentas con caracteristicas que hacen que mis ansias por tus labios sean contradictorias...
porque, verás, no deberías de gustarme...
en que eres libre y me encanta cómo te ves en libertad... en que sé, que al menos por el momento, no "quepo" en ella.. en que debo dejar de pensar en no pensar en ti...
pero no... no, ni creas que te pienso, ni lo creas...) "

¿Quién dijo que un "no" no pueda dar inicio a otra historia delirante... a un momento, a una sonrisa, a un "nosotros"?